Ardió mi corazón

Irrumpiste en mí

con la voracidad con la que el Vesubio sepultó Pompeya,

con la crueldad con la que Roma arrasó Cartago,

con el ingenio con el que Grecia ardió Troya,

con las picas con las que el Imperio Español hirió a Países Bajos.

 

Nuestro amor fue voraz,

regido por la máxima crueldad,

fruto de una toxicidad nacida de tu ingenio.

Y acabé herido,

sepultado entre los restos

de mi corazón volatizado.

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